Sistema a medida o software enlatado: cómo elegir

La respuesta correcta muchas veces es comprar algo que ya existe, y conviene decirlo antes de cobrarte un desarrollo. Lo que sigue es el criterio que usamos para decidir, incluidos los casos en los que recomendamos no contratarnos.

El problema

La planilla que corre al lado del software

Hay una señal que vale más que cualquier análisis: fijate si tu equipo mantiene algo por fuera del sistema que ya pagás.

Una planilla donde se lleva el detalle que el software no contempla. Un grupo de mensajería donde se coordina lo que el sistema no coordina. Un cuaderno en el mostrador. Un archivo que alguien arma todos los viernes cruzando dos exportaciones.

Eso no es desorden. Es el negocio compensando con trabajo humano la distancia entre lo que hace el software y lo que la operación necesita. Y esa distancia se puede medir en horas por semana, que es la única unidad en la que esta decisión se puede tomar con seriedad.

Cuándo conviene comprar lo que ya existe

Si tu operación se parece a la de la mayoría de tu rubro, una herramienta hecha para ese rubro te va a resolver el problema más rápido y más barato. Vas a estar funcionando en días, con soporte, con documentación y con las mejoras que salgan sin que las tengas que pagar.

También conviene comprar cuando el proceso que querés ordenar todavía no está definido. Si internamente no hay acuerdo sobre cómo se hace algo, un producto que impone su forma de trabajar puede ser exactamente lo que hace falta para dejar de discutir.

Y conviene cuando lo que necesitás es una función suelta, no un sistema: facturar, firmar documentos, mandar campañas. Construir a medida algo que se resuelve contratando un servicio es tirar plata.

Cuándo conviene construir

Cuando lo que te diferencia de tu competencia es justamente el proceso que el software te obliga a cambiar. Ahí adaptarte al producto significa parecerte más a todos los demás, y eso tiene un costo que no aparece en ninguna factura.

Cuando el abono creció hasta un punto donde en dos o tres años pagás varias veces lo que costaría un desarrollo, y ese abono sube con tu facturación en lugar de con el valor que recibís.

Y cuando lo que necesitás no existe. Combinaciones de reglas que ningún producto contempla porque son de tu negocio: precios que dependen de tres variables, una lógica de disponibilidad propia, un circuito que cruza áreas que en otros lados están separadas.

El árbol de decisión, en orden

Primero: ¿existe algo hecho para tu rubro que resuelva el ochenta por ciento sin adaptaciones? Si la respuesta es sí, empezá por ahí y volvé a preguntarte esto dentro de un año.

Segundo: si existe pero no alcanza, ¿lo que falta se puede resolver con una integración o con una herramienta complementaria? Muchas veces sí, y sale bastante menos que reemplazar todo.

Tercero: si no alcanza y no se puede complementar, ¿cuántas horas por semana está costando esa diferencia? Ponele un valor. Si la cuenta contra el costo del desarrollo no se recupera en un plazo que puedas defender, esperá.

Cuarto: si llegaste hasta acá, construir es la opción razonable. Y aun así conviene empezar por una etapa acotada en lugar de por el sistema completo, porque la primera versión en producción siempre cambia lo que creías que necesitabas.

Lo que casi nadie pone en la balanza

La salida. Con un producto contratado, dejar de pagarlo significa perder el acceso, y migrar a otro lado implica rehacer la configuración y pelear por tus datos. Con un desarrollo propio, el código y la base son tuyos y el proveedor es reemplazable.

Ese punto no importa nada el primer año y empieza a importar mucho a partir del tercero, cuando el sistema ya tiene adentro información que no está en ningún otro lado.

El otro factor que se subestima es quién decide las prioridades. En un producto, las mejoras las decide quien lo fabrica según lo que le pide el conjunto de sus clientes. En un desarrollo propio, la próxima función la elegís vos.

Preguntas frecuentes

¿No les conviene a ustedes que siempre elija a medida?

En el corto plazo sí. En el largo no: un cliente al que le vendimos algo que no necesitaba no vuelve y lo cuenta. Preferimos decir que no antes de empezar que quedar en el medio de un proyecto que no se justificaba.

¿Puedo empezar con algo comprado y migrar después?

Sí, y suele ser el mejor camino cuando recién arrancás. Lo único que conviene mirar desde el primer día es qué tan fácil vas a poder sacar tus datos cuando llegue el momento.

¿Se puede combinar lo comprado con lo propio?

Sí, es bastante habitual. Se sigue usando lo contratado para lo que hace bien y se construye a medida sólo la parte que falta, conectando las dos cosas para que el dato no se cargue dos veces.

¿Cómo sé si mi caso es realmente especial?

Casi ningún negocio es especial en todo, pero casi todos lo son en una o dos cosas. Encontrar cuáles son esas dos es la parte útil del diagnóstico, y el resto conviene resolverlo de la forma más estándar posible.

¿Y si mi equipo no quiere cambiar de herramienta?

Es un dato a tener en cuenta y no un obstáculo a vencer. Si el equipo resiste, casi siempre es porque la herramienta nueva les cambia la forma de trabajar sin que nadie les explicara para qué.

¿Ustedes recomiendan alguna herramienta en particular?

No damos nombres en abstracto, porque depende del rubro y del tamaño. En el diagnóstico sí te decimos si lo que necesitás lo cubre algo que ya existe, aunque eso signifique que no nos contrates.

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