Sistema de reservas online para canchas

Reservar por teléfono funciona hasta que el teléfono está ocupado, o hasta que nadie lo atiende. Todo lo que sigue es el recorrido completo de una persona que reserva sola: desde que mira la grilla hasta que aparece a jugar, o hasta que no aparece.

El problema

Los ocho minutos que decide un cliente

53%
de lo que se reserva en Tercer Tiempo llega cuando el local está cerrado

Alguien quiere jugar el sábado. Abre el celular, busca canchas cerca, encuentra tres. En la primera hay un formulario que promete respuesta a la brevedad. En la segunda, un número de teléfono. En la tercera ve los horarios libres del sábado y puede reservar ahí mismo.

No va a esperar a que le contesten las dos primeras. Reserva en la tercera y deja de buscar. La decisión se tomó en menos de diez minutos, un jueves a la noche, sin que ningún local tuviera oportunidad de hablar con él.

En Tercer Tiempo hay un número que mide exactamente ese momento. Es la mitad de la demanda decidiéndose sin que nadie del negocio pueda intervenir. Un formulario que genera un correo para responder al día siguiente no captura nada de eso.

La grilla tiene que ser la verdadera

más de 1.200
turnos gestionados en Tercer Tiempo sobre esa misma grilla

Lo primero que ve quien entra es la disponibilidad, y tiene que ser exactamente la misma que ve el mostrador. Si la grilla pública se arma con una copia que se actualiza cada tanto, el sistema va a aceptar dos reservas para el mismo horario, y la que se rechace va a ser la de alguien que ya pagó.

El horario se toma recién cuando se confirma, no cuando se abre la pantalla. Entre que alguien mira los horarios y decide, pueden pasar varios minutos, y en un jueves a la noche eso alcanza para que otro tome el mismo lugar. Si hace falta sostener el horario mientras se completa el pago, se hace con una reserva provisoria que expira sola en unos minutos y devuelve el lugar a la grilla.

En Tercer Tiempo el sistema opera las ocho canchas con esa grilla como única referencia para todos.

La seña es lo que hace que la reserva valga

Una reserva sin dinero de por medio es una intención. El costo de no aparecer es cero, así que la gente reserva por las dudas y después decide. El resultado son horarios ocupados que nadie usa y que se le negaron a alguien que sí iba a ir.

Cobrar una parte al reservar cambia el comportamiento sin ahuyentar a nadie. El monto importa menos de lo que parece: lo que ordena no es el valor, es que exista. Y el saldo queda registrado como pendiente hasta el día del partido, así que quien atiende sabe cuánto tiene que cobrar en cada turno sin preguntar.

El detalle que conviene definir desde el principio es qué pasa con esa seña si el cliente cancela. No hay una respuesta única, pero tiene que haber una y estar escrita antes del primer conflicto.

La política de cancelación es una regla, no una charla

Cancelar con tres días de anticipación y cancelar dos horas antes no son lo mismo: en el primer caso el horario se vuelve a vender, en el segundo se pierde. Si la política vive en la cabeza de quien atiende, cada caso se resuelve distinto y el que insiste consigue mejores condiciones que el que acepta la primera respuesta.

Definida como regla —hasta tal cantidad de horas antes se devuelve la seña, después no— el sistema la aplica solo y quien atiende deja de tener que discutirla. Las excepciones siguen existiendo, pero se toman a conciencia y quedan registradas como excepciones.

El horario que se libera por una cancelación tiene que volver a la grilla en el momento. Si eso depende de que alguien lo marque a mano, en la práctica se libera cuando alguien se acuerda.

El que no aparece

Siempre va a haber gente que reserva, paga la seña y no viene. Lo que se puede hacer es distinguirla de la que canceló a tiempo, porque son dos situaciones que se parecen en el resultado y no en nada más.

Cuando esa diferencia queda registrada, con el tiempo se puede ver quiénes tienen ausencias repetidas y decidir qué hacer: pedirles el pago completo por adelantado, o simplemente saberlo antes de darles el mejor horario del sábado.

Es información que sólo aparece si alguien la guarda desde el principio. Reconstruirla después, mirando reservas viejas, no se puede: en el registro histórico el que no vino y el que canceló figuran igual.

Caso real

Ocho canchas, dos deportes y una caja que cerraba a mano

Ocho canchas en Paraná que antes se coordinaban por mensajería y hoy reciben reservas que se confirman sin intervención de nadie, con la seña cobrada y el turno ya puesto en la grilla. En producción.

Ver el caso completo

Preguntas frecuentes

¿Necesito una aplicación para que reserven?

No. Se reserva desde el navegador, con un link. Pedirle a alguien que instale algo para reservar una cancha una vez por semana es la forma más rápida de que reserve en otro lado.

¿Puedo cobrar la seña por adelantado?

Sí, es lo habitual. Se cobra un porcentaje al reservar y el saldo queda pendiente hasta el día del partido, visible en la grilla para quien esté en el mostrador.

¿Y si prefiero confirmar yo cada reserva?

Se puede, pero conviene mirar el costo. Si la mitad de la demanda entra cuando no hay nadie atendiendo, cada reserva que espera aprobación es una que compite contra un lugar donde se confirma sola.

¿Se pueden reservar varios turnos seguidos?

Sí. Es habitual para partidos largos o para quien alquila dos horas: se toman las franjas contiguas como una sola reserva, con un solo cobro y una sola cancelación.

¿Puedo bloquear horarios para mantenimiento?

Sí. Un bloqueo ocupa el horario igual que una reserva pero no pertenece a nadie, así que desaparece de la grilla pública y no se puede tomar desde afuera.

¿Qué medios de pago acepta?

Los que soporta Mercado Pago: tarjetas, dinero en cuenta y transferencia. También se puede dejar habilitado el pago en el local para quienes prefieran reservar y pagar al llegar.

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